lun. Oct 21st, 2019

La 64 edición del Festival de San Sebastián dedicará una retrospectiva al director francés Jacques Becker

Jacques Becker, nacido y fallecido en París (1906-1960), realizó tan solo trece largometrajes en un periodo relativamente breve de tiempo, entre 1942 y 1960. Pero este bagaje corto en número pero prolijo en títulos mayores como Casque d’Or (París, bajos fondos, 1952), Touchez pas au grisbi (1954) y Le Trou (La evasión, 1960), ha sido más que suficiente para que Becker haya sido considerado uno de los nombres fundamentales en la evolución del cine francés.

De ideas comunistas, aunque nunca practicó el cine social en el estricto sentido de la palabra, Becker se formó en el cine del Frente Popular y fue ayudante de Jean Renoir. Sus influencias beben tanto en la obra del autor de La grande illusion (La gran ilusión, 1937), uno de los ochos filmes de Renoir en los que Becker trabajó de asistente, como del cine clásico estadounidense anterior a la segunda guerra mundial. Le gustaban mucho King Vidor y Howard Hawks, por ejemplo. Su estilo emergió de un cierto clasicismo para instalarse pronto en la modernidad, depurándose a marchas forzadas durante el periodo de la ocupación y la posguerra. No es de extrañar que el grueso de los críticos de la influyente revista Cahiers du cinéma le reivindicará siempre como uno de los pocos directores que se salvaron de la quema generalizada del cine francés de posguerra: para Truffaut, Godard y compañía, enemigos del academicismo, Becker estuvo siempre a la altura de su mentor Renoir, de Jean Cocteau, Jean-Pierre Melville, Max Ophüls, Robert Bresson y Jacques Tati.

Detallista y minucioso tanto en la recreación de época en estudio como en el rodaje en exteriores, estilista de la puesta en escena y la creación de atmósferas irrepetibles como la romántica y violenta de Casque d’Or (París, bajos fondos), Becker practicó por igual el impresionismo y el realismo, tan atento a los períodos históricos de sus relatos como a la psicología de sus personajes. Los críticos de Cahiers du cinéma atisbaron en él la modernidad que ellos mismos pondrían en práctica al pasar a la realización, encuadrados en la Nouvelle vague. Sus inicios no fueron del todo fáciles. Antes de su debut oficial con Dernier atout (1942), Becker realizó un par de cortometrajes, participó en un documental colectivo impulsado por el Partido Comunista francés sobre la campaña electoral del Frente Popular –La vie est à nous (1936), en el que colaboraron Jean Renoir y Henri Cartier-Bresson, entre otros– e inició el rodaje de L’or du Cristobal (1940), completado por Jean Stelli y del que Becker nunca se sintió responsable.

En su cine encontrará el espectador todo tipo de registros genéricos, pero ninguna de sus películas se adscribe por entero a los códigos de un género concreto pese a que parten de nociones tan claras como la comedia –Antoine et Antoinette (Se escapó la suerte, 1947), Rendez-vous de juillet (1949), Édouard et Caroline (1951)–, el melodrama –Goupi mains rounges (1943), Falbalas (1945), Rue de l’Estrapade (1953)–, el cine criminal –Touchez pas au grisbi, excepcional relato policial con Jean Gabin, y Casque d’Or (París, bajos fondos), gran retrato del hampa parisina de principios del siglo XX, con Simone Signoret y Serge Reggiani–, el biopic artístico –Montparnasse 19 (Los amantes de Montparnasse, 1958), una particular aproximación a los dos últimos años en la vida del pintor Amedeo Modigliani– y el relato de evasión carcelaria, al que dio, con Le Trou (La evasión), posiblemente la obra maestra de esta modalidad. Esa es una de las grandes características de su estilo, la reinvención de los códigos y las formas. También practicó el cine de raiz más popular con un film de aventuras exóticas protagonizado por Fernandel, Ali Baba et les quarante voleurs (Ali Babá y los cuarenta ladrones, 1954), y otro de misterio y sofisticados ladrones de guante blanco, Les aventures d’Arsène Lupin (Las aventuras de Arsenio Lupin, 1957).

Becker falleció el 21 de febrero de 1960, un mes antes del estreno en Francia de su obra póstuma, Le Trou (La evasión). Sus restos reposan en el cementerio de Montparnasse. Tuvo dos hijos, el realizador Jean Becker, y el director de fotografía Étienne Becker, fallecido en 1995. En los últimos años de su vida, Jacques Becker estuvo casado con la actriz Françoise Fabian.

La retrospectiva, que incluye todos sus largometrajes de Becker, la mitad de ellos inéditos comercialmente en España, está organizada por el Festival de San Sebastián en colaboración con Filmoteca Española. El ciclo se complementará con la publicación de un libro sobre el director coordinado por Quim Casas.

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