‘Moonlight’: La masculinidad en juego

 

‘Moonlight’ abre la película con un movimiento de cámara en mano. En lugar de establecer una relación plano/contraplano, sobrevuela el entorno para presentarnos a Juan y de paso los entornos del ghetto en los territorios de Florida. Un tiempo después, un niño bajito entra en una serie de cabañas para alejarse de sus jóvenes perseguidores y se encierra en una chabola abandonada. Con esos compases más el posterior, Jenkins ya ha dejado caer que su intención es la de profundizar a un individuo como Chiron contra el entorno que lo rodea, sea este bueno o malo para él.

Barry Jenkins construye así la adaptación de un guion en la que un niño con un entorno cuanto menos conflictivo acaba generando una mochila demasiado pesada que cargar. Esa carga no es autoimpuesta, sino que viene de una idea enfrentada de masculinidad, de dudas sobre incluso la propia sexualidad; la riqueza de dicha propuesta narrativa crece, por ejemplo, a través de una cámara en mano que orbitará sobre dos niños que se pelean: lejos de pelearse –con patéticos resultados–, Jenkins muestra con sutileza un baile de cuerpos que se giran y se repliegan sobre sí mismos.

El contraste entre ambas partes (la de la masculinidad contra la homosexualidad que Chiron intenta reprimir sin éxito) está constantemente representado. Jenkins no explicita el sexo, aunque sí lo muestra escondiéndolo a medias, pero lo que nunca deja de mostrar es la violencia seca y áspera con la que los personajes se hacen mella los unos a los otros. Sin embargo, entre ambas membranas existe un tono melancólico que se desprende del trabajo de montaje: en ese territorio, el director decide jugar con la banda-imagen y la banda-sonido, haciendo énfasis así en aquello que está perdido, o bien en el objeto de deseo.

Todas esas decisiones, como la del uso del azul mate, hacen de ‘Moonlight’ una historia en la que confluyen la melancolía y la represión de ser uno mismo y su condición frente al entorno. Sin embargo, la liberación que debería acontecer posteriormente se queda a medio camino, y eso se debe a una falta de regularidad en el trabajo final, en donde Barry Jenkins a veces es más convencional de lo que cabría esperar; afortunadamente, sí muestra algo poco inusual en el cine independiente de los Estados Unidos: un director dispuesto a hacer la mejor película posible. Y esa idea tan sencilla no solo le honra, sino que también es digna de reconocimiento, pues logra impactar durante gran parte de su trabajo.

‘Moonlight’ se estrena el 10.2.17.

Carlos Martínez

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