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‘Las vacaciones más largas’, la transfiguración y la fusión con el todo

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Las vacaciones más largas

DT Espacio Escénico en la madrileña calle Reina, 9 nos presenta un espectáculo que no deja indiferente. ‘Las vacaciones más largas’ es un viaje que comienza para el actor y los espectadores desde antes propiamente de entrar en la sala. Los asistentes van pasando y sentándose en sus butacas mientras un cuerpo se arrastra, se escapa y se esconde tras una camiseta que le cubre el rostro. Todo vestido de blanco salvo por lo que de su cuerpo deja ver la camiseta que le cubre rostro y cabeza.

Desde ahí asistimos a la representación de un cuerpo que sinuoso o enérgico se mueve y se mece, se gira y se contornea con un movimiento lento e hipnótico que parece casi irreal pues las posiciones y las transiciones entre las mismas son tan lentas que parecieran de un equilibrio difícil y fatigoso.

El juego de luces y los sonidos acompañan este viaje que va metiéndose dentro y nutriendo al espectador. Ese cuerpo transita y tiene un objetivo o parece tenerlo, tiene un propósito pues el movimiento arranca impetuoso aunque se ralentiza y evoluciona en micro secuencias.

Pareciera envuelto en un sudario del que pretendiera deshacerse o que lo empujara hacia otro estado. El movimiento va evolucionando hasta un ritmo y un momento de la representación que parece del todo increíble pues como si de una brizna se tratara gira y gira sobre sí misma como queriendo elevarse, trascenderse. Una fuerza que parece infinita le la da energía para continuar y continuar teniendo intervalos de expansión y otros de repetición en un bucle interminable que va creando una espiral que aunque invisible se va haciendo más real pues llegado un momento pareciera que perdemos de vista al actor y queda una estela que asciende y se une a un haz de luz celeste.

El trabajo interpretativo de Diego M. Buceta es intenso pero saber ser contenido y transitar desde la instantánea fotográfica a la velocidad del aire y de la luz con los que parece fundirse.

La iluminación acompaña a la representación focalizando y centrando momentos clave o salpicando la sala como si de ráfagas de viento u olas de mar se tratara.

Por un momento llegué a sentir la angustia de un cuerpo que se transmuta, se entrega y hasta se inmola para pasar a otro estado. El cambio de color en la indumentaria del actor resalta este cambio. Tal vez la fusión final con todo o la pérdida por lo que ya no será.

Más info: DT Espacio Escénico

Javier Torres.

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