Siete películas incómodas

Siete películas incómodas

Tal y como explica Antonio José Navarro en el interesante e imprescindible libro ‘El imperio del miedo’, los ataques del 11-S cambiaron el tono de las películas de horror en Estados Unidos, alejándolo de la autoconsciencia y de la parodia noventera (‘Scream’) para adentrarse en temas más serios, siempre auspiciándose en la alegoría y la metáfora. No es casual que el subgénero torture porn (‘Saw’, ‘Hostel’) sea inventado en este siglo, poco después del escándalo de Abu Ghraib. Posteriormente surgirían más noticias preocupantes sobre el trato de presos en otros puntos negros del planeta. Los ataques terroristas, sin embargo, no afectaron exclusivamente al género de terror sino que también se trasladaron a otros. Y lo hizo en el mejor momento que podía hacerlo, con el terrorismo, la crisis económica y la incertidumbre política como nuevos elementos naturales en la tabla periódica de nuestras vidas. El horror es trivial, ese es el objetivo, que nos adaptemos a él. Por eso está ahora en la comedia (‘Bienvenidos al fin del mundo’, ‘Kick-ass’, ‘Juerga hasta el Fin’, ‘Zombieland’) o en las series —quien podría decir que series de alto contenido gore como ‘Walking Dead’ o incluso ‘Juego de Tronos’ iban a ser un fenómeno de masas—. El mal ya no está fuera…, se ha instalado en nuestras casas y convive con nosotros convirtiendo lo anómalo en normalidad.
La lista que proponemos hoy aquí pretende ser un doloroso reflejo de nuestro tiempo: son películas viscerales, contundentes y con un innegable sentimiento pesimista y de absoluta desconfianza hacia todas las instituciones, sobre todo a la familiar, que invitan a la reflexión. Las hay desde el thriller, pasando por el terror, por supuesto, hasta la comedia. No querrás verlas por segunda vez porque lo que prima es una aterradora y casi avasalladora honestidad que nos obliga a mirarnos al espejo… Y eso implica poner a prueba nuestro instinto de conservación.

Hard Candy (2005)
Intenso, imprescindible y perturbador thriller que juega e incómoda al espectador con el constante intercambio de roles de los dos protagonista. ¿Estamos ante un cazador cazado o es al revés? En plena paranoia mundial post 11S, es imposible distinguir al enemigo, incluso puede que lo sea uno mismo. ¿El fin justifica los medios? ¿Es lícito castigar a alguien por mucho que se lo merezca? ¿El torturador soy yo? Resaltar el sobrecogedor trabajo de los dos protagonistas del film, el inteligente uso de los colores en la imagen que van variando en función del estado de ánimo de los personajes y que describen un entorno tan aséptico como agobiante y el sutil e inteligente diseño del sonido que sumergen al espectador en una intensa experiencia malsana.

Tenemos que hablar de Kevin (2011)
Ejemplo perfecto para ilustrar que el enemigo está en casa. La interpretación de Tilda Swinton como madre sufridora conmueve y duele a partes iguales. ‘Tenemos que hablar de Kevin’ no está inscrita como película de terror sino como drama, pero la naturaleza
del relato lo convierte, en contra de su voluntad, en lo primero. Interesante e inteligente narración, a priori deslavazada, que recuerda a los primeros trabajos de Christopher Nolan, y que consigue introducir al espectador en el estado sensorial y emotivo de la protagonista. Atención al color rojo, presente de forma inocente desde los primeros segundos de película, y que adelanta de forma metafórica los duros acontecimientos que están por venir. Para bien o para mal, esta es una película inolvidable.

Tenemos que hablar de Kevin
Fotograma del film ‘Tenemos que hablar de Kevin’ de Lynne Ramsay

Found (2012)
La historia que se propone en la película, sus personajes y el talento para llevarla a cabo están muy por encima de la escasez de recursos y del presupuesto empleados. Es un claro triunfo de la ideas sobre las imposiciones de la realidad. Destacar la interpretación del pequeño Gavin Brown que hará participe y cómplice a los espectadores de sus inquietantes descubrimientos domésticos. Debido a la tosquedad de algunos aspectos de la realización de la película, su visionado requiere a priori de un pequeño salto de fe. Con más medios, sin embargo, la película hubiera sido solo mejor en el aspecto más formal pero no en el contenido ni en su acertada narración.

The Woman (2011)
Pequeña, reivindicable y brutal película de terror que pone de manifiesto la eterna lucha entre civilización y salvajismo y que una cosa y la otra, son las dos caras de la misma moneda. Todo es cuestión del punto de vista y de quién ejerce el poder. Las imposiciones burguesas y civilizadoras del personaje interpretado por Sean Bridgers se convierten en una brutal tortura contra la mujer salvaje a la que se refiere el título de la película. La fuente del mal y el horror está en nuestro interior y en nuestra enfermiza percepción de lo que es socialmente aceptable y lo que no. Escrita por el interesante Jack Ketchum, autor del perturbador libro La chica de al lado, y dirigida por el no menos interesante Lucky McKee. El género de terror estuvo, sin duda, de enhorabuena con la unión de este tándem.

Langosta (2015)
Lo social y lo cultural e incluso su rebelión a ello son fuerzas cruelmente opresoras. La imposición violenta de las convenciones sociales y en el castigo, también violento, que se genera por transgredirlas parecen ser el foco de interés de esta inclasificable película del también inclasificable Yorgos Lanthimos. El mensaje final de esta grotesca y dolorosa comedia, si es que se puede definir así, no puede ser más cínico y desgarrador: el amor entre dos personas no es más que la prisión que te libera de las demás prisiones.

The Eyes of my mother (2016)
Una película de terror contada a través de mecanismos formales más propios del cine de autor y que hacen de esta película una experiencia hipnótica y sumamente perturbadora. Deudora en cierto modo del cine de Haneke, las imágenes rodadas en blanco y negro,
su ritmo sosegado, su puesta en escena austera y cruda, sus interesantes y bellos encuadres consiguen bajar la guardia del espectador más curtido y conspiran para llevarlo de la mano, suavemente, a una cita cara a cara con el mal. Como muchas películas de la lista, imágenes imborrables para el recuerdo.

Al Interior (2007)
Una mujer embarazada tiene que hacer frente a una desconocida que se ha introducido en su casa y cuyas intenciones dejan muy poco espacio para la imaginación, con esta incómoda premisa este film se propone transgredir los propios convencionalismos del género de terror, criticar su autocensura y empujar las situaciones al límite de lo imaginable. Con una puesta en escena clásica, pausada y precisa y dotada de una fotografía elegante, solemne y melancólica hace que Al interior sea una película más horrible de lo que es. No hay espacio para las tonterías, las frivolidades o la diversión tan propias del género. La declaración de intenciones de sus creadores es que van en serio. La forma y la provocación se imponen sobre el contenido haciendo de la película una consecución de imágenes de violencia gratuita. Todo lo que uno no quiere ver en una película está aquí presente. Solo apta para los estómagos más fuertes.

Javier Chavanel.

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