‘Altamira’ por Manuel Campos del Olmo

Cine

 

‘Altamira’ es la cinta que da voz al nombre de Marcelino Sanz de Sautuola, quien, en el siglo XIX, descubrió, a través de su hija de nueve años, las pinturas de las famosas cuevas cántabras. El hallazgo hace replantearse a la comunidad científica del momento la idea que hasta entonces tenía de la civilización paleolítica. El hombre de la Edad de Piedra resulta tener concepción de su propia sociedad, y capacidad para expresar artísticamente los elementos de su idiosincrasia. El descubrimiento choca con el sentir religioso, en la línea del darwinismo, y da pie al eterno conflicto del conocimiento.

El nuevo film de Hugh Hudson desprende la pulcritud de trabajos anteriores (Carros de fuego, Los secretos de la inocencia), aunque adolece problemas de fondo bastante graves.

Lo más destacable resulta la majestuosa fotografía realizada por José Luis Alcaine, que se alza como el logro y punto fuerte de una película que, en otros aspectos, deja más que indiferente.

La minuciosidad a la hora de mostrar el paraje cántabro choca de lleno con la configuración de unos personajes totalmente caricaturizados, movidos únicamente por la defensa de la dos fuerzas en pugna que configuran el conflicto fílmico: la ciencia y la religión. El paradigma de qué debe guiar el conocimiento no resulta atractivo si va acompañado de diálogos estereotipados, facilotes y simplones, igual que las situaciones que complican el objetivo del actante a héroe.

Ninguno de los personajes dibujados resulta atractivo, si bien resalta la relación de Marcelino y su esposa. Este matrimonio refleja a escala personal la lucha de instituciones (ciencia y religión) que desencadena el descubrimiento. En la pugna se agarra cual parásito el guion de la película, que no fondea en aspectos que hubieran podido engordar el interés, por ejemplo, la relación entre el personaje de María (Allegra Allen) y el joven pintor de la iglesia, cuyo rol, sumamente interesante, acaba sabiendo a poco.

En general, Hugh Hudson construye una máquina tristemente engrasada, cuyos engranajes, peligrosamente oxidados, se basan en la convención y la caricatura, sin aportar nada nuevo a un tema tan complejo y apasionante como el que, sin éxito alguno, se atreve a postular y que, desde luego, da pie, por sí solo, a construir productos mejores. Solo el verdor santanderino golpea y embobece filtrándose a través de memorables planos de continuidad.

‘Altamira’ se estrena el 1.4.2016.

Manuel Campos del Olmo.

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