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‘El jovencito Frankenstein’, terroríficas carcajadas musicales

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Cada año voy un par de veces a Nueva York para ponerme al día de los mejores musicales y ayer me pareció estar presenciando uno de los mejores de Broadway pero sin pasar por Barajas. La adaptación de esta desternillante parodia de Mel Brooks es sencillamente terrorífica. Un musical clásico que está más joven que nunca.

Hilarante de principio a fin. Iñaki Fernández y Gorka Fernández como productores nos han traído el mejor de los musicales que he visto en mucho tiempo, en ambos lados del Atlántico, a la Gran Vía madrileña. Una producción plena, un musical sobrecogedor y espeluznante a risas iguales. Grandioso y sin peros.

El musical sigue, con propuestas y soluciones muy creativas, el hilo narrativo de la emblemática película. Los golpes de humor, la trepidante secuencia de escenas y diálogos a cada cual más divertido e ingenioso marcan un ritmo que deja al espectador ojiplático de número en número, de carcajada en carcajada. Los cómicos diálogos, algunos actualizados con referencias más actuales imprimen una intemporalidad imperecedera a este musical salido originalmente del genio de Mel Brooks y Thomas Meehan que se hizo película en el 74 y se llevó a los escenarios en el 2007.

El elenco está en estado de gloria. Encabezado por Víctor Ullate Roche que muestra un dominio de escena e incansable poder y potencia interpretativa en un personaje que se desarrolla y modula a lo largo de toda la obra tomando matices y construyendo un Federick Frankenstein redondo. A su lado su fiel servidor Igor, perdón, Aigor, interpretado por Jordi Vidal con su joroba movible o la magnífica Marta Ribera que conmueve y recrea el personaje de Elisabeth Benning que cuenta ya con muchas tablas y musicales en su haber. Albert Gracia está grandiosamente monstruoso en su papel de creación de laboratorio. El trabajo de todos ellos y también de Cristina Llorente como Inga, Teresa Villaviciosa como Frau Blücker que esta atronadora y tantos otros es aterrador. Atrapan y divierten y se adueñan de un público hipnotizado.
El jovencito Frankenstein

La historia es conocida y está en la memoria colectiva desde que se estrenó. El Doctor Frankonstin que reniega de su aterrador pasado recibe la herencia de su abuelo que consiste en su castillo de Transilvania donde viaja para descubrir que no puede negar a su ancestro y tras sus huellas decide tratar de continuar su obra siguiendo las instrucciones de un libro con el que da vida a un monstruo tan infame como disparatado. Víctor Ullate Roche transita por este desarrollo hasta convertir al brillante pero ingenuo doctor en el gran Doctor Frankenstein con divertidos diálogos, parodias y una soberbia interpretación.

Los personajes cantan, bailan e interpretan todo el tiempo con incesantes cambios de escenografía y vestuario por los que van pasando y tan frescos como una rosa mostrando una sincronía y dominio de escena espectacular. El número de las escaleras bailando claqué al ritmo del Puttin’on the Ritz, de Irvin Berlin es memorable y uno de los mejores de toda la función. El monstruo es todo un Fred Astaire y el Doctor Frankenstein por su estatura en comparación parecería una Ginger Rogers. Es desternillante.

Es necesario significar la genialidad de la dirección de Esteve Ferrer que muestra la maestría de este director de escena que además es dramaturgo y actor y se nota.

El diseño de vestuario y escenografía de Felype de Lima es impactante. El escenario se transforma en una campiña, un laboratorio terrorífico, un escenario de cabaret con escalinata de luces incluida y hay pasadizos secretos, puertas que se abren y cierran, rampas que suben y bajan y hasta una estación de tren. Efectos sonoros y pirotécnicos, y hasta 14 telones y más de 150 complementos de utilería y atrezzo que se han fabricado exclusivamente para el espectáculo.

Julio Awad es el director musical y Javier Isequilla el encargado del diseño de sonido y hay que felicitarles al igual que a toda la orquesta que ameniza, adorna, complementa la obra y suena magnífica y esplendorosa aunque no se vea, en riguroso directo. Están todos enormes y desmesurados en brillantez y esplendor en un espectáculo que dura más de dos horas y que es pura diversión y talento.

‘El Jovencito Frankenstein’ en una regalo para los sentidos en todos los sentidos del término. Talento, chispa, agudeza, comicidad. Un espectáculo para disfrutar a lo grande y para todos los públicos. Producción de Letsgo que estará en el Teatro Luz Philips de Gran Vía brillando con luz propia (unas 2400 bombillas y más de 200 metros de neón Flex) que lucirán rutilantes antes y después de la iluminación madrileña estas navidades y desde el 9 de noviembre de 2018 hasta el 5 de mayo de 2019. Por cierto, en Nochevieja habrá una función especial con uvas y cotillón. Antes, durante o después de las fiestas navideñas la risa y el mejor de los musicales nos esperan en la Gran Vía Madrileña.

Más info y entradas: Gruposmedia

Javier Torres.

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